El presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó el viernes que su gobierno ha abierto conversaciones con funcionarios estadounidenses, marcando el primer reconocimiento oficial de negociaciones tras meses de negación en medio de la creciente presión económica de la administración Trump.
“Estas conversaciones han estado dirigidas a encontrar soluciones a través del diálogo a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones”, dijo Díaz-Canel en un video transmitido por la televisión estatal poco antes de una conferencia de prensa programada. Afirmó que había dirigido las conversaciones en nombre de Cuba, junto con el expresidente Raúl Castro y otros funcionarios del Partido Comunista y del gobierno, aunque no identificó a los participantes estadounidenses.
Un giro tras meses de negación
La admisión representa un giro para La Habana, que hasta ahora había negado cualquier encuentro oficial con Washington. Sin embargo, el gobierno cubano no había desmentido explícitamente los reportes de prensa sobre conversaciones extraoficiales en las que participaba Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y cercano colaborador de Raúl Castro, de 94 años, quien aún ejerce una influencia considerable sobre los asuntos de la isla. Rodríguez Castro, vinculado a la gestión de GAESA, el conglomerado militar que controla aproximadamente el 70 por ciento de la economía dolarizada de Cuba, aparecía sentado detrás de Díaz-Canel entre los funcionarios del Partido Comunista en el video.
La confirmación se produjo horas después de que Cuba anunciara la liberación de 51 prisioneros como gesto de “buena voluntad” hacia el Vaticano, tras una reunión entre el canciller Bruno Rodríguez y el Papa León XIV dos semanas antes. El Vaticano ha intensificado discretamente su papel como mediador entre ambos países, y el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, declaró recientemente que la Santa Sede había tomado las “medidas necesarias” para garantizar una “solución negociada”.
Presión y agotamiento
Desde enero, cuando las fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y cortaron la principal línea de suministro de petróleo de Cuba, la administración Trump ha impuesto lo que equivale a un bloqueo energético en la isla. Los apagones que antes duraban horas ahora se extienden por días, y la escasez de alimentos, combustible y medicinas ha agravado lo que ya era una situación humanitaria crítica.
Trump ha descrito repetidamente a Cuba como al borde del colapso. El lunes, dijo que Cuba podría enfrentar una “toma de control amistosa”, añadiendo ominosamente: “puede que no sea una toma de control amistosa”. Ha puesto al secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, a cargo de liderar el lado estadounidense de las conversaciones.
En las calles de La Habana, muchos cubanos dicen estar simplemente agotados. “No podemos soportar esto más”, dijo un residente a CNN. “Las familias están luchando para poner comida en la mesa”. Otros expresaron una esperanza cautelosa. “Si lo que venga después es aunque sea un 5% mejor, eso ya es algo”, dijo un joven viajero a El País, según reportó Latin Times.
La embajadora de Cuba en Washington, Lianys Torres Rivera, dijo al Los Angeles Times el miércoles que La Habana está “lista para participar” en un diálogo sobre temas bilaterales, aunque cualquier conversación debe respetar la soberanía de Cuba. “Estamos seguros de que es posible encontrar una solución”, afirmó.


