Explosiones sacudieron Teherán y ciudades de todo Irán el sábado por la mañana cuando una operación militar conjunta de EE.UU. e Israel sumió a millones de civiles en el pánico, con padres corriendo a recoger a sus hijos de las escuelas, residentes huiendo de áreas urbanas y largas filas formándose en gasolineras y panaderías en medio de un apagón de comunicaciones casi total.
Los ataques comenzaron aproximadamente a las 9:40 a.m. hora local, el inicio de la semana laboral en Irán, sorprendiendo a gran parte de la población en oficinas, mercados y aulas sin ninguna advertencia previa de su propio gobierno, según relatos de residentes compartidos con The New York Times y NPR. La televisión estatal no ofreció ninguna orientación práctica de seguridad, sino que transmitió himnos revolucionarios de la guerra Irán-Irak de los años ochenta junto con denuncias contra Estados Unidos e Israel.
Una capital sumida en el caos
“Han atacado muchos objetivos a mi alrededor y escuchamos aviones de combate y misiles explotando”, relató a NPR por teléfono un residente del oeste de Teherán antes de que se cortaran las comunicaciones. “La gente estaba entrando en pánico y tratando de llegar a sus casas. Los niños están saliendo corriendo de la escuela”.
En el barrio de Pasdaran, sede de un importante complejo de la Guardia Revolucionaria, un ingeniero llamado Esfandiar envió un mensaje de texto a The New York Times: “Mis hijos están llorando y aterrorizados; estamos amontonados en el baño, sin saber qué hacer”. Desde una azotea en el distrito de Elenjak, una residente llamada Gol Fathi describió cómo observaba una segunda oleada de aviones de combate pasar por encima. “Se pueden escuchar los gritos de las mujeres. Algunos de mis vecinos están corriendo hacia sus autos”, dijo. “Se siente como si estuviéramos en una película”.
A mediodía, testigos reportaron atascos totales en las autopistas que salen de Teherán, una ciudad de aproximadamente 15 millones de habitantes, mientras que quienes se quedaron hacían fila afuera de panaderías y gasolineras. El gobierno iraní anunció que las instituciones educativas cerrarían hasta nuevo aviso, pero ofreció poca orientación adicional para la población civil. La organización de monitoreo de internet NetBlocks reportó que la conectividad en Irán se había desplomado a solo el 4% de los niveles normales.
Esperanzas divididas, temor compartido
Los ataques dejaron al descubierto profundas fracturas en la sociedad iraní. Algunos residentes expresaron una esperanza cautelosa de que el asalto pudiera poner fin a décadas de gobierno clerical. Una mujer de Teherán identificada como Roxanna le dijo a NPR: “Tenemos muchas esperanzas de que el régimen caiga esta vez. Hemos almacenado comida y esperaremos por ahora”. En el municipio de Ekteban, un residente llamado Arian le dijo a The New York Times que escuchó consignas de “Larga vida al sha” provenientes de voces fuera de su edificio, una referencia al monarca derrocado en la revolución de 1979.
Otros rechazaron la idea de un cambio impuesto desde el extranjero. “En este momento, nuestra única prioridad es encontrar seguridad”, dijo por teléfono a The New York Times una abogada y madre. “Nadie está pensando en protestar en este momento”. En las semanas previas a los ataques, algunos iraníes habían expresado temores de que su país pudiera seguir el camino de Irak, donde una invasión liderada por Estados Unidos derrocó a un gobierno pero dejó años de inestabilidad como consecuencia.
Una nación ya herida
El bombardeo llega en un momento de profunda vulnerabilidad para Irán. El país aún se encontraba conmocionado por la represión gubernamental de las protestas a nivel nacional en enero que dejó miles de civiles muertos, según organizaciones de derechos humanos. Un apagón de internet casi total impuesto durante esas protestas solo se había levantado parcialmente a finales de enero antes de ser reimplantado el sábado. El ministerio de Relaciones Exteriores de Irán declaró que los ataques alcanzaron tanto infraestructura de defensa como sitios civiles, y señaló que Teherán había estado participando en negociaciones diplomáticas con Washington orientadas a evitar una guerra cuando comenzó el ataque.


